Capítulo 1038

Sabrina había seguido a Aino durante todo el camino. Se tambaleó cuando llegó frente a Sebastian, pero éste la sostuvo entre sus brazos. Sebastian se inclinó hacia sus oídos y le dijo: "Sabrina, escucha. Date la vuelta y regresa inmediatamente. No dejes que te vean los reporteros y no salgas de casa durante estos días. Me ocuparé del asunto de los reporteros y también de los comentarios en línea, me encargare de todo lo antes posible". Sin embargo, Sabrina miraba a su hija con los ojos muy abiertos. ¡Su hija de seis años! Esa mirada sincera pero indefensa. Esa mirada obstinada y a la vez lamentable. Aquellos grandes y redondos ojos se llenaron de lágrimas, sin embargo, se obligó a contenerlas y a no dejarlas salir. Se estaba enfrentando sola a decenas de reporteros. Todavía era una niña. Solo tenía seis años. ¿Qué tan cruel estaba siendo Dios con Aino? Sabrina escuchó que Aino le decía al reportero: "Yo pagaré los riñones que les debe mi madre". Cuando Sabrina

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