Capítulo 22
Sandra recogió a Roberto en la puerta de la comisaría.
Ella no preguntó nada; simplemente se quitó el abrigo y se lo colocó sobre los hombros.
—No pasa nada.
Roberto levantó la cabeza, vio la preocupación en sus ojos y asintió suavemente.
—Quiero irme de aquí.
—De acuerdo.
Sandra le tomó la mano.
—Vámonos al extranjero.
Una semana después, subieron a un vuelo con destino a Suiza.
Él se sentó junto a la ventanilla y observó la ciudad, que se hacía cada vez más pequeña.
Esa ciudad que había amado, odiado y en la que había luchado.
Por fin iba a despedirse de ella para siempre.
Sandra le apretó la mano.
—Duerme un poco, te despertaré cuando lleguemos.
Roberto cerró los ojos, pero no logró dormir.
Pensaba en la última mirada que Gisela le había dirigido.
Sorpresa, dolor, desesperación.
Debería haberse sentido satisfecho.
Pero no sabía por qué; en su interior solo había una calma entumecida.
Como si, por fin, se hubiera quitado un pesado fardo de encima.
Podía volver a respirar.
Tres meses

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