Capítulo 118 Ya no puede mantener la fachada
—Mariana, después de tanto tiempo, ¿ya se te pasó el enojo? —La llamada era de Don Montoya; su tono llevaba una indulgencia resignada.
—Abuelo, ¿me llamas por algo en particular? —Mariana no respondió a la pregunta y, con calma, le devolvió otra.
Don Montoya suspiró suavemente y preguntó: —¿Tienes tiempo esta noche? ¿Podrías volver a cenar a casa? Te extraño.
Don Montoya sabía muy bien que Mariana ahora rechazaba volver a Casa Montoya, pero él siempre había deseado ver a la familia unida. Le gustaba que los suyos se reunieran a comer con frecuencia, que hubiera armonía y no conflictos.
Mariana no quería regresar a Casa Montoya, pero tampoco quería decepcionar a Don Montoya.
—De acuerdo, regresaré después del trabajo. —Respondió con voz suave.
—Muy bien, buena niña. —Don Montoya sonrió al otro lado de la línea; por el tono de su voz se notaba que estaba de buen humor.
Mariana también sonrió sin darse cuenta.
En fin. Mientras Don Montoya estuviera contento.
Todo lo demás podía aguantarlo

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