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Capítulo 7

Thiago se quedó a un lado sin decir nada. Solo cuando ella terminó de desahogarse por completo, habló: —No te culpo. Todo esto es el destino. —No vuelvas a hacerte daño. Me duele verte así. Las lágrimas corrían por el rostro de Thiago; al ver las heridas en las muñecas de Amaya, sus ojos se enrojecieron aún más. Amaya lloraba tanto que no podía articular una sola palabra. Óscar, que siempre decía amarla, no veía sus heridas; en cambio, Thiago, a quien no veía desde hacía tres años, las notó de inmediato. Resultó que amar o no amar podía ser tan evidente. Thiago se agachó y la abrazó: —Sabes soltar cuando es necesario. Si no eres feliz, vete de su lado. No quiero atarte ni limitar tus pasos. Amaya, entre lágrimas, asintió: —Está bien. Me iré de su lado y viviré bien. En tres días terminaría el periodo de reflexión del divorcio. Con el acta en la mano, ya no tendrían nada que ver el uno con el otro. Lo que Amaya no esperaba era que, apenas ella se marchara, Thiago se suicidara. Antes de irse, le dejó un mensaje póstumo a través de otra persona: "Amaya, sé que hiciste todo lo posible para limpiar mi nombre y que sufriste mucho por mí. Te amo y no quiero convertirme en una carga para ti. Ojalá, de ahora en adelante, seas libre y vueles alto." Amaya se desplomó en el suelo, llorando con el corazón hecho pedazos, a punto de desmayarse. Solo cuando se le secaron las lágrimas logró reunir fuerzas para encargarse del funeral de Thiago. De regreso a casa, exhausta, Amaya vio la sala llena de bolsas de compras, todas de Noelia. Al ver a Amaya destrozada, una sombra de culpa cruzó el rostro de Óscar: —Lo siento. Noelia tuvo una recaída y tuve que acompañarla. Lo de Thiago, encontraré una solución. Amaya lo miró en silencio, sin decir nada. Diera cuantas vueltas diera, el resultado siempre era el mismo. Y ella ya no lo necesitaba. Al ver que no reaccionaba, Óscar sacó un ramo de rosas: —Compré las flores que más te gustan. No estés triste. Las rosas eran hermosas, pero Óscar había olvidado algo: a ella no le gustaban las rosas; le gustaban las rosas de jardín. Las rosas eran las favoritas de Noelia. "Óscar, cada vez me resulta más difícil verte con claridad." Pero ya no importaba. Al día siguiente podría marcharse. De toda esa gente miserable y de todos esos asuntos podridos, por fin podría liberarse. Amaya tomó las flores y le dijo con cortesía: —Gracias. Cuando subía las escaleras, Óscar, inquieto al verla tan frágil, añadió: —Cuando Noelia esté más estable, iré contigo a visitar a Thiago en prisión. Amaya respondió con una sonrisa: —No hace falta. Dijo que quería estar tranquilo. Después de todo, Thiago ya había muerto. Esa paz, ella quería conservarla para él. El único deseo de Thiago era que ella siguiera viviendo bien, así que tenía que salvarse a sí misma. Y la condición para salvarse era sencilla: alejarse de Óscar. "Óscar, en realidad te di a elegir. Fuiste tú quien me empujó lejos con tus propias manos." Arriba, mientras empezaba a empacar, Amaya recibió otro mensaje provocador de Noelia. Era una grabación de una conversación entre Óscar y ella: —Hoy es el día de la apelación de Thiago. ¿De verdad no vas a ir? La voz de Óscar sonaba cansada: —Ese caso ya quedó cerrado hace años. ¿Qué hay que litigar? Antes estaba pensando cómo salir de esto, y justo tú me diste la oportunidad. —Amaya llevaba días armando escándalos por el divorcio. Si no fingía aceptar, quién sabe hasta cuándo habría seguido. —Antes, cuando hacía un escándalo, bastaba con calmarla un poco. Ahora, cada vez que la veo hacerlo, de verdad me fastidia. Al escuchar la grabación, las lágrimas empaparon el cuello de la camisa de Amaya. Así que esa era su verdadera forma de pensar. Esa noche, Óscar volvió a irse. Decían que Noelia había recaído y que él estaba acompañándola. Amaya dejó sobre la mesa el acta de divorcio junto con las pruebas que Noelia le había dicho en su momento. Esas pruebas se las había entregado en secreto la camarera de limpieza del hotel, la misma noche después de la muerte de Thiago. Al principio, la mujer no quería buscarse problemas, pero durante años la inquietud y la culpa terminaron por vencerla. Tras dudarlo, se puso en contacto con Amaya y le entregó las pruebas. Lamentablemente, todo había llegado demasiado tarde. Los muertos no vuelven a la vida, y Thiago no pudo salir de prisión con su nombre limpio. Amaya tomó la maleta y salió de la villa, borrando por completo cualquier rastro de haber vivido allí. Al llegar a la puerta, levantó un hacha y cortó el pequeño árbol que ambos habían plantado juntos. —Óscar, esta vez te dejo libre. No volveré a molestarte nunca más. —Entre tú y yo ya no hay matrimonio. Si volvemos a vernos, será como enemigos.

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