Capítulo 38
Un escalofrío recorrió el corazón de Julieta.
Julieta se incorporó, abrazando la colcha, y mientras contemplaba aturdida la densa oscuridad de la noche tras la ventana, el timbre de la puerta de abajo volvió a sonar.
Era muy tarde y no tenía idea de quién podía ser.
Julieta se puso una bata y bajó. A través del monitor de seguridad, vio con sorpresa que era Joaquín.
Abrió la puerta.
En cuanto la vio, Joaquín preguntó directamente: —¿Dónde está Orlando? ¿Acaso volvió y luego se fue otra vez? ¡No contesta el teléfono!
La pequeña duda que Julieta ya sentía en su corazón se intensificó. Respondió con calma: —Dijo que surgió una urgencia, se fue hace un momento.
Joaquín se quedó pasmado por un segundo, y luego se dio una palmada en la frente. —¡Ay! ¡Seguro fue directo al hospital!
Julieta se quedó quieta un momento.
—Catalina tiene apendicitis aguda, le duele muchísimo. Orlando debe de estar preocupadísimo, ¿cómo iba a esperar a que yo lo llamara? ¡Seguro se fue hace rato!
Apenas terminó de

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