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Capítulo 4

Rosaura tiró rápidamente del cabello a Isabella y le estampó toda la cara contra el pastel de bienvenida. —¡Ahhh! Isabella gritó, con la cara cubierta de crema y un ardor punzante en los ojos. Esa expresión de dolor y humillación era exactamente la misma que había tenido Rosaura años atrás, cuando Isabella le metió la cara en el basurero. El lugar quedó en un silencio absoluto. Nadie se esperaba que una chica tan dócil como Rosaura pudiera contraatacar de esa manera. Solo Rosaura mantenía una sonrisa impecable en la cara. —Sí que estuvo divertido, ¿pero por qué ustedes ya no se están riendo? Todos estaban tan atónitos que no pudieron emitir palabra alguna. —¡Rosaura! Los ojos de Abelardo se volvieron gélidos mientras intentaba salir en defensa de Isabella, pero Ernesto lo detuvo con una sola mirada. —Ya basta, enloquezcan entre ustedes si quieren, pero no arrastren a mi esposa en esto —dijo con ternura, rodeando a Rosaura con el brazo—. Tu ropa está empapada, te vas a resfriar. Vamos a casa para que te pongas algo seco. Rosaura tampoco tenía intenciones de quedarse. Durante todo el trayecto, Ernesto condujo como un rayo, y ella, en silencio, miraba por la ventana, deseando llegar pronto a casa. De pronto, una moto eléctrica venía en sentido contrario a toda velocidad. Ernesto giró bruscamente el volante para esquivarla, y el auto chocó contra el tronco de un árbol al borde del camino. Gracias al cinturón de seguridad, él no sufrió ni un rasguño. Pero Rosaura fue lanzada por la fuerza del impacto, rodó varias veces por el asfalto y terminó cayendo en una zanja pestilente a un lado de la calle. El agua sucia salpicó con fuerza, y ella, empapada y cubierta de inmundicia, fue invadida por las lágrimas al tragarse parte de aquella agua nauseabunda. Justo cuando intentaba levantarse con dificultad, los flashes empezaron a estallar sobre su cabeza. Un periodista con mascarilla le apuntó directamente con la cámara, fotografiándola. —¡La señora Rosaura haciendo el ridículo, esto sí que es una noticia rara! —¡No tomes más fotos! —Ernesto llegó para detenerlo—. ¡Baja esa cámara o haré que te bloqueen en toda la industria! Ante la imponente presencia de Ernesto, el reportero soltó la cámara y salió corriendo. El pesado equipo cayó con fuerza, golpeando la cabeza de Rosaura. Un dolor agudo la invadió, y perdió el conocimiento. Cuando Rosaura despertó, sintió un dolor de cabeza punzante. Lo primero que vio fue el techo de la habitación del hospital, y desde afuera le llegaban voces de conversación. —¡No por nada es Ernesto! Manipuló el cinturón de seguridad y la puerta del auto, luego provocó el accidente con precisión para hacerla rodar directo a la zanja llena de aguas negras. Esa técnica sí que merece respeto. —Abelardo tampoco se queda atrás. Se hizo pasar por reportero y de un golpe la dejó inconsciente. ¡Por fin le devolvieron algo a Isabella! —Tuvo suerte... —dijo Abelardo con frialdad—. Si no fuera porque todavía nos sirve, en el momento en que le hizo daño a Isabella, yo se lo habría hecho pagar con creces. Ernesto soltó una risa desdeñosa. —Ya basta. Dispérsense, tengo que entrar a actuar. La puerta de la habitación se abrió. Rosaura cerró los ojos, fingiendo que aún no había despertado. Ernesto se sentó a su lado, y un instante después, le apartó suavemente el mechón de cabello que le caía sobre la frente. Con la yema de los dedos, cálidos al contacto, recorrió su cara como si delineara la forma de sus cejas y el contorno de sus ojos. Rosaura se tensó por instinto. No entendía por qué, si aún no había despertado, él actuaba con esa ternura tan falsa.

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