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Capítulo 3 ¿Y si todo esto fuera un malentendido?

POV de Liorá. "¿Olivia?" "Otra vez ella". Todo se volvió oscuro frente a mis ojos. En mi cabeza no dejaban de repetirse las escenas del sueño: Etán abrazándola, alejándose con ella. Casi podía sentir el sabor metálico de la sangre en mi garganta. Me levanté de golpe de la cama, descalza, y caminé de puntillas hasta abrir con cuidado la puerta del estudio... La luz estaba encendida, pero no había nadie dentro. Incluso el escritorio seguía igual que hacía unos días, como si nadie hubiera estado allí en absoluto. Me quedé rígida en el umbral, con la mente en blanco. Etán no estaba en el estudio. Revisé cada habitación con minuciosidad... El abrigo que solía dejar sobre el sofá ya no estaba, tampoco sus zapatos de cuero favoritos. Lo que eso significaba... era evidente. No me permití pensarlo demasiado. Tomé las llaves del auto, y a pesar de la tormenta, pisé el acelerador a fondo. Cuando llegué al Hotel Montebruma ya eran las cuatro y media de la madrugada. Un trayecto de casi treinta kilómetros lo conduje en solo media hora. Ignoré por completo las objeciones del personal de recepción. Corrí directamente hacia la habitación 408... Hasta que estuve frente a la puerta. Todo esto parecía un maldito sueño. Me detuve. Contuve la respiración, apoyé la mano sobre la manija... Y empujé suavemente. Detrás de la puerta, tirado en el suelo, había un conjunto de lencería negra con encaje, desgarrado, el mismo que había visto en la foto. Más allá, una diminuta tanga de hilo... Luego, el saco de un traje masculino, una camisa arrugada hecha un nudo y una corbata rasgada. Recordaba perfectamente esa corbata azul oscuro con un pasador amarillo pálido: se la había regalado a Etán el año pasado, en su cumpleaños. Apreté con fuerza la manija de la puerta, hasta que los nudillos se me pusieron blancos. Solo así podía evitar que mis piernas me fallaran y que terminará tirada en el suelo. Podía imaginar perfectamente con cuánta ansiedad se habían buscado, cómo se despojaron de cada prenda, revolcándose como dos animales en celo, incapaces de esperar un segundo más. Pasó mucho tiempo antes de que empujara suavemente la puerta, esquivando cada prenda de ropa en el suelo, acercándome lentamente hacia el interior. La puerta estaba entreabierta, dejando escapar un rayo de luz. Sus gemidos eran tan fuertes que me dolían los oídos. —Sí... E, un poco más fuerte. Hoy fuiste muy cruel conmigo por teléfono, me rompiste el corazón. —¡Maldita sea! Eres una perra. Me mandaste esas fotos sexys a propósito, ¿acaso no querías que viniera a cogerte? Era la voz de Etán. Jamás había escuchado palabras tan vulgares salir de su boca. La única esperanza o ilusión que quedaba en mí... Deseaba que todo fuera solo un sueño, o alguna maldita confusión. Pero esas estúpidas expectativas se desvanecieron por completo. Vi todo con mis propios ojos. Fue absolutamente horrible. Jamás confundiría su voz. Alguna vez, con ese mismo tono grave, me pidió matrimonio frente a todos. —Te amo, Lio. ¿Te casarías conmigo? Juro por la Diosa de la Luna que te seré fiel para siempre y caminaré a tu lado el resto de nuestras vidas. Pero ahora, lo escuchaba gruñir mientras tenía sexo con otra mujer. Mis lágrimas comenzaron a caer. En medio de mi visión borrosa, vi sus cuerpos entrelazados sobre la cama. Olivia asomó la cabeza debajo del cuerpo desnudo de Etán y me dirigió una sonrisa cargada de malicia. Ya no pude aguantar más. Salí corriendo de esa habitación asquerosa. ... —¿Qué pasó? ¡¿Estás bien, Liorá?! Levanté la mirada de la copa. Las figuras frente a mí se superponían unas con otras. Pasó un buen rato hasta que reconocí la cara de mi amiga Sara. —No... —Moví los labios levemente y me eché otro trago de whisky. El ardor estalló en mi garganta, y esa reacción física me hizo lagrimear un poco—. No estoy bien. "¡No voy a llorar! ¡Ese maldito imbécil de Etán no merece mis lágrimas!" Seguramente era culpa del alcohol. Di un golpe en la mesa y empujé el vaso vacío hacia el barman. —Otra. La bartender era una mujer alta. Alzó las manos hacia Sara en señal de inocencia. —Ella llegó hace solo media hora y ya lleva siete copas. Esta sería la octava. Señaló los siete vasos vacíos sobre la barra, luego sacó otro del estante y sirvió una copa más, empujándola hacia mí. La levanté con intención de beberla de inmediato. Sara suspiró, me arrebató el vaso de las manos y acercó su cara al mía, obligándome a ver su expresión seria. —Liorá, cálmate. Puso una mano sobre mi hombro y me giró. El banco alto donde estaba sentada podía rotar, así que quedé frente a frente con Sara. —Ahora, dime qué pasó. Cerré los ojos. El alcohol había distorsionado mi visión, pero seguía completamente lúcida... A pesar de haber bebido tanto whisky, aquella escena repulsiva parecía estar grabada en mi alma, o en algún lugar aún más profundo. Cada vez que cerraba los ojos, la veía con absoluta nitidez. La ropa tirada por el suelo, los cuerpos desnudos de un hombre y una mujer, y esa mujer rubia sonriéndome con arrogancia. Como si los ocho años que pasé con Etán no significarán absolutamente nada. Las comisuras de mis labios temblaban sin control, y las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera evitarlo. Sollozaba. Pasó mucho tiempo hasta que reuní fuerzas para hablar. —Etán me traicionó. Se acostó con otra mujer. Continué hablando. —Llevábamos ocho años juntos... Y siento como si nunca lo hubiera conocido de verdad. Hasta hace poco estábamos intentando tener un hijo, ¡y aun así él...! Los ojos de Sara se abrieron como platos, casi soltó un grito. —¿De verdad? ¡¿Cómo se atrevió a hacerte eso?! Un momento después, inclinó un poco la cabeza y, con cautela, me hizo una pregunta. —¿Cómo lo descubriste? Liorá, no es que quiera defenderlo, los conozco desde que empezaron a salir, pero todo esto... —Su tono era suave y medido, como si temiera quebrarme—. ¿No será que hubo algún malentendido?

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