Capítulo 30
Los dos tenían muy buenos modales en la mesa y, durante la comida, ninguno habló.
Después de comer, Federico preguntó: —¿Estás satisfecha?
—Sí, ya comí suficiente. Gisela asintió.
—Entonces volvamos para que descanses.
—De acuerdo.
El auto entró en una zona de mansiones y finalmente se detuvo frente a una de ellas.
Federico condujo a Gisela al interior.
Apenas entraron, el mayordomo y la empleada doméstica se acercaron sonrientes a recibirlos y dijeron al unísono: —Buenas noches, señor Federico.
—Mm —Federico respondió—. Ella es la señora Gisela.
Gisela no esperaba que él la presentara así; su corazón dio un pequeño salto.
—Buenas noches, señora Gisela. —El mayordomo y la empleada saludaron nuevamente de forma coordinada.
—Buenas noches.
Federico añadió: —Ellos son Orlando y Pilar. Para cualquier cosa, puedes contar con ellos.
—Está bien.
Orlando y Pilar tomaron las maletas que traía el chofer y los siguieron.
Federico llevó a Gisela al ascensor y explicó: —En la primera planta están l

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