Capítulo 65
Federico le había guiado a Gisela para terminar de corregir su currículum, y luego la rodeó con los brazos y volvió a besarla.
Gisela se sentó sobre las piernas del hombre, y él la sujetó por la cintura y la nuca, besándola con una profundidad y un deseo intensos.
Después de varios besos, la técnica de Federico había mejorado de forma evidente.
Gisela retrocedió poco a poco, incapaz de respirar.
Cuando el beso terminó, los labios de Gisela quedaron rojos y húmedos, como una rosa carmesí a punto de desprender rocío.
—Gise... —El hombre la sostuvo con la mirada; en sus ojos alargados se ocultaba una emoción que Gisela no alcanzaba a comprender, y la yema ligeramente áspera de su dedo acarició suavemente los labios de ella, provocándole un cosquilleo intenso.
—Señor Federico, yo... yo voy a volver a mi habitación... —Gisela lo empujó, se levantó de encima de él y salió huyendo.
De regreso en la habitación, Gisela cerró la puerta y apoyó la espalda en ella, respirando hondo para calmar sus

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