Capítulo 166
Eché a correr de inmediato, pero a mis espaldas resonó la voz de Ignacio:
—¡Corre! ¡No escaparás! Mis amigos me esperan justo al otro lado de la calle; aunque llegues hasta allí, ellos te detendrán.
En ese instante sentí que el corazón se me hundía en un abismo. Con rapidez saqué el teléfono para llamar a la policía.
Pero Ignacio ya había llegado hasta mí corriendo, me arrancó el teléfono de las manos y lo estrelló contra el suelo; se hizo pedazos al instante.
Presentí que aquello acabaría muy mal y, sin pensarlo, emprendí la huida a toda prisa.
Aproveché el momento en que él se apoderaba del teléfono para lanzarle el bolso a la cara.
Enseguida alcancé la salida del callejón.
Afuera se extendía una calle solitaria y fría, donde solo había aparcados dos autos de lujo. Creí que pertenecían a los amigos de Ignacio, así que cambié de dirección apresuradamente.
Y justo entonces lo vi: Salvatore.
Si en aquel momento hubiera podido prever el futuro, habría sabido que, desde ese instante, qued

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