Capítulo 47
Carlos se detuvo un instante y, acto seguido, chasqueó la lengua dos veces. —Ah, ¿sí? Entonces estoy muy asustado. ¿Cómo piensas no dejarme en paz?
Siempre tenía esa actitud despreocupada; suponía que no había muchas cosas que lograran importarle de verdad.
La voz de Salvatore sonó gélida. —Tú, haciendo de las tuyas por ahí, a ti no te importa, ¿pero tu padre lo podrá soportar?
Apenas terminó de hablar, el semblante de Carlos cambió al instante y una sombra de ira tiñó su mirada.
—¡Salvatore, esto es entre nosotros! ¡No metas a otras personas!
—Ah, ¿sí? ¿Y cuándo metiste a Valeria hace un momento, no pensaste en eso?
—¿Yo la metí?
Carlos estaba ya molesto. —¡Fue ella la que vino hacia mí! Yo simplemente no le seguí el juego, nada más.
—Ahora está herida. Lo que digas no servirá de nada.
El rostro de Salvatore permanecía frío e implacable. —Si insistes en enfrentarte a mí, solo puedo hacer que pruebes las consecuencias.
...
Hospital.
Valeria estaba dentro, vendándose; yo, afuera, estaba

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