Capítulo 62
Salvatore estaba decidido a darme una lección.
Al principio me sentía furiosa e inconforme, pero pasados unos días comprendí que debía buscar otra manera.
Él iba todos los días puntualmente a la empresa; a veces hacía horas extra, pero la mayoría de las veces trabajaba en el estudio.
Por las noches seguía durmiendo conmigo.
Solo que éramos como el agua y el aceite: cada uno en su lado, con una frontera invisible entre los dos.
Yo no sabía realmente qué pensaba Salvatore; ya había discutido y protestado, pero con él nada de eso servía.
Era como una montaña de hielo, obstinada e inamovible, terco en sus ideas y sin importarle en absoluto lo que yo sintiera.
Aquella noche, como siempre, se recostó detrás de mí; justo cuando iba a abrazarme, abrí los ojos de golpe y lo miré.
—Me equivoqué.
Salvatore se detuvo; sus oscuros ojos de tinta se fijaron en mí, mezclados con la penumbra de la lámpara, e imponentes por sí solos.
Tenía, sin duda, un rostro hermoso.
Lo supe desde que tenía dieciocho

คลิกเพื่อคัดลอกลิงก์
ดาวน์โหลดแอป Webfic เพื่อปลดล็อกเนื้อหาที่น่าสนใจเพิ่มเติม
เปิดกล้องโทรศัพท์เพื่อสแกน หรือคัดลอกลิงก์แล้วเปิดในเบราว์เซอร์ของคุณ
เปิดกล้องโทรศัพท์เพื่อสแกน หรือคัดลอกลิงก์แล้วเปิดในเบราว์เซอร์ของคุณ