Capítulo 68
—Pero...
Arrugué la cara y pregunté: —Ella tampoco parece llevarse bien con Valeria.
Carmen soltó una ligera tos de inmediato. —Eso no es excluyente; no le gusta Valeria y tampoco le gustas tú.
—Ya veo...
Miré el perfil de Carmen y, de repente, solté: —Ahora la única persona en la que puedo confiar eres tú.
Carmen asintió. —Lo sé.
Añadí: —Confío mucho en ti.
Ella giró la cabeza de golpe para mirarme. —¿Qué pasa, ocurrió algo?
—Nada.
Negué con la cabeza y le sonreí un poco.
"Así que, Carmen, por favor, no me engañes nunca."
Cuando llegamos a la casa de los Suárez, bajé del coche junto a Carmen y entramos.
Pero en el patio delantero nos topamos con dos personas a las que no quería ver... Salvatore y Valeria.
El patio frente a la vieja mansión era un terreno amplio de casi una hectárea, con una larga galería de nubes, seguramente de exhibición.
Solo recorriendo ese camino se llegaba a la verdadera puerta principal. A los lados crecían todo tipo de flores exóticas, de modo que en cada esta

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