Capítulo 18
Raúl se marchó, haciendo oídos sordos a los alaridos de desesperación y las súplicas desgarradoras que Verónica lanzaba tras él.
La puerta del apartamento se cerró a sus espaldas, sepultando tras de sí aquel escenario de miseria y caos.
Al bajar las escaleras, sus pasos eran erráticos y vacilantes.
En cuanto lo azotó la brisa nocturna, una oleada de náuseas y vértigo volvió a sacudirlo con violencia.
Tuvo que aferrarse a la gélida pared para no perder el equilibrio.
Sentía el corazón estrujado por una mano invisible; cada latido le arrancaba una puntada de dolor agudo, envuelta en un pánico asfixiante. No era por Verónica, sino por Malena.
Por aquella mujer a la que él mismo había herido sin tregua, empujándola una y otra vez al abismo hasta que ella, finalmente, se marchó para siempre sin mirar atrás.
¿Qué demonios... le había hecho?
Al regresar a la villa, ahora vacía y espectral, Raúl sintió por primera vez que el lugar era aterradoramente vasto y de un frío que calaba hasta los hue

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