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Capítulo 28 Las contradicciones de Carlos

La gente en la pista retrocedió, observando a Mariana con lástima. Nadie era tan estúpido como para enfrentar a un Cárdenas. De pronto, Julieta intervino: —¡Qué humos, Lautaro! ¿Desde cuándo eres el dueño de este lugar? Al ver a Julieta, Lautaro entrecerró ligeramente los ojos. —Tú vete si quieres, pero ella se queda. Sabía que con Julieta no podía meterse, pero a Mariana la tenía jurada. Antes de que Julieta estallara, Mariana la detuvo. Julieta entendió la señal: su amiga tenía un plan. Parecía que Mariana tenía su propia forma de resolver la situación. Mariana se cruzó de brazos, observando a Lautaro con una calma absoluta y sin el más mínimo rastro de emoción en su voz: —¿Y qué si me niego a beber eso? —Si no bebes, entonces tendré que hacer que te lo den a la fuerza. —Dijo Lautaro con frialdad. —¡Muchachos, hágansela tragar! —¡Sí! —Respondieron. Los guardaespaldas avanzaron hacia Mariana. La mirada de Mariana se volvió helada; apretó los puños, lista para pelear. Pero justo en ese

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