Capítulo 1687
La voz de Sebastián sonaba un poco grave, pero al darse cuenta de lo que había dicho, el cuchillo que sostenía en la mano se quedó quieto; sonrió ligeramente con autocrítica.
Darío era el esposo de ella; ¿con qué derecho podía pedir que no hablaran de él?
Respiró hondo y continuó pelando la fruta.
Daniela se sintió algo incómoda, sin entender el motivo de esa petición.
Sebastián dejó el cuchillo; al ver que en el pequeño plato de ella aún quedaba bastante fruta, preguntó: —¿No está buena?
Ella aprovechó la ocasión para apartar la fruta. —Es que ya es muy tarde; si como ahora, me da cosa que me sienta mal.
—¿Te duele el cuerpo? He oído que durante el primer mes, después de dar a luz el cuerpo suele sentirse resentido.
—Más o menos.
La conversación que siguió parecía un poco forzada. Ella quería encontrar algún pretexto para despedirlo, pero él permanecía sentado ahí: le traía agua para que se lavara la cara y luego quería arroparla.
Desde su punto de vista, eso resultaba un tanto excesi

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