Capítulo 18
El viaje hacia África duraba apenas tres horas, pero Alejandro sentía que jamás había soportado un vuelo tan insoportable.
Durante todo el trayecto, apretó con fuerza el teléfono.
Temía no encontrar ninguna noticia de María y, al mismo tiempo, le angustiaba recibir información negativa sobre ella.
Finalmente, el avión aterrizó.
No pudo esperar: salió corriendo y luego pisó el acelerador a fondo, conduciendo a toda velocidad hasta la sala de exposiciones.
El clima era extremadamente adverso, con nubes negras y lluvias repentinas.
Sin embargo, en el aire del recinto aún flotaba aquel olor a sangre que no se había disipado por completo.
Las manchas dispersas en el suelo, los daños y el caos en las obras, las marcas de rozaduras dejadas por la lucha humana…
Cada detalle parecía proclamar cuán terrible había sido lo ocurrido allí.
En primer lugar, revisó a todos los heridos que gemían y se quejaban de dolor.
No estaba María.
Pero al segundo siguiente, vio de pronto varios cuerpos cubiertos

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