Capítulo 30
Orlando se metió otra empanada en la boca, comiendo con entusiasmo.
—¿No se supone que hay que comer empanadas cuando uno está contento?
—¿Qué? —Julieta se quedó perpleja y alzó la vista, encontrándose con su profunda mirada.
Esos ojos, en medio de la oscuridad, mezclaban agresividad y calidez, además de una emoción indescriptible.
El corazón de Julieta latió dos veces más rápido.
Esa era una frase que su madre solía decir. No entendía cómo él también...
"Además, ¿qué tenía él para estar tan contento?". "¿Había conseguido cerrar el proyecto con el Grupo Altamar?".
"Orlando había cerrado muchos proyectos, y aunque el del Grupo Altamar era uno que valoraba bastante, no era como para estar así de feliz.".
—¿Qué pasa? —preguntó Orlando, mirándola con una sonrisa apenas perceptible en los labios—. ¿No entendiste lo que dije?
—Yo...
—Toma, prueba una.
Mientras Julieta seguía en las nubes, una empanada apareció junto a su boca, humeante, desprendiendo un aroma tentador.
Se humedeció los labio

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