Capítulo 34
—No, me parece muy bien. —Orlando cerró el expediente—. Parece que tu deseo de ganar dinero es más grande que el deseo que sientes por mí.
Julieta se quedó sin palabras.
Guardó silencio por un momento y respondió con honestidad: —La verdad es que sí, quiero ganar mucho, muchísimo dinero. Si no fuera así, no habría entrado en esta industria. Señor Orlando, ¿de verdad cree que todo el mundo es como usted, que lleva una calculadora en la cabeza y vive trabajando horas extras todos los días?
Orlando curvó los labios. —¿Y en qué te gustaría trabajar entonces?
—Yo quisiera...
Julieta se detuvo.
Quería volver a calzarse sus zapatillas de baile, brillar sobre el escenario y ver a su madre orgullosa desde la platea.
Quería tener un gato y un perro, conducir una casa rodante y recorrer el mundo sin rumbo fijo.
También quería...
Pero pensó que ya no tenía sentido.
Julieta curvó ligeramente los labios, total, aunque lo dijera, no se cumpliría.
En este momento no se trataba de perseguir ideales, si

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