Capítulo 45
Por la mañana, cuando los tres bajaron a desayunar, ya pasaban de las nueve; los dos pequeños habían jugado demasiado el día anterior y, por la mañana, no había manera de despertarlos: se empeñaron en quedarse en la cama hasta las nueve.
Los demás huéspedes prácticamente ya habían terminado de comer y habían salido a pasear; Vanessa les había dejado una tortilla de patatas recién hecha, pan rústico cortado en rebanadas, varios embutidos caseros, además de una fuente de fruta y leche o café con leche templados. Sara terminó de comer primero y subió a recoger el equipaje; los dos pequeños siguieron comiendo abajo. Justo cuando Sara bajó con las maletas, llegó Simón. Aunque los dos pequeños sentían que aquel tío suponía una amenaza para papá, aun así, lo saludaron con educación; al fin y al cabo, mamá había dicho que de los niños maleducados la gente decía que no tenían buena crianza.
—Buenos días, tío Simón.
—Buenos días, Ramón, Laura. —Simón se inclinó para saludar a los dos pequeños y,

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