Capítulo 38
Ella abrió ligeramente los labios, pero no consiguió pronunciar ni una sola palabra.
En ese instante, el asombro la invadió por completo, golpeando sin piedad cada uno de sus pensamientos.
Bajo la mirada profunda y sombría de Federico, el corazón de Gisela latía cada vez más rápido, como si quisiera salirle del pecho.
Después de un largo momento, Gisela pareció recuperar su voz. Con los ojos aún perdidos, preguntó: —¿Por qué?
—Porque eres mi esposa. —La mirada de Federico brilló con un resplandor frío—. Y no permito que nadie te haga daño.
Todo a su alrededor pareció quedar suspendido en el tiempo; solo se oía con claridad el sonido de sus corazones.
La luz de la mañana entraba por las ventanas limpias, derramándose sobre la superficie pulida de la mesa de mármol.
Las pestañas de Gisela temblaron suavemente. Pasó un buen rato hasta que reaccionó, y entonces murmuró, aún aturdida, un gracias.
...
Por la tarde, Sofía recibió una videollamada internacional de Leticia.
—Cariño, ¿pasaste bi

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