Capítulo 10
Carlos se despertó de golpe junto a la cama del hospital.
Había soñado que Mariana se adentraba en una niebla blanca y espesa; por más que la llamara, ella no se volvía.
Soltó la mano de Camila y sacó el celular.
La pantalla estaba limpia: ningún mensaje sin leer, ninguna llamada perdida.
El pulgar de Carlos recorrió lentamente la superficie del celular.
Recordó que, antes, cuando Mariana tenía fiebre, solía mandarle audios: —Me duele mucho la cabeza...
Y cuando él volvía a toda prisa, ella se encogía bajo las mantas y decía: —Estoy bien. Ve a trabajar; no te preocupes.
Pero esta vez había sufrido un accidente de auto. Siete puntos en la frente, heridas por todo el brazo y la pierna, ¿y no había dicho ni una sola palabra?
Deslizó el dedo y abrió el chat con Mariana.
El último mensaje era una publicación cotidiana compartida por ella. Se remontaba a un mes atrás, al día de su aniversario de bodas.
Era una foto del amanecer visto desde la ventana, con un texto sencillo: [¡Esperando con i

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