Capítulo 13
Dentro de la casa de los Fernández, el ambiente era tan opresivo que casi resultaba asfixiante.
Lucas y Alejandro estaban de pie en el centro de la sala de estar, pálidos como el papel y los ojos llenos de dolor y remordimiento.
Carlos y Rosa estaban sentados en el sofá, con las manos fuertemente entrelazadas y los nudillos blancos, claramente aún sin haber salido de su estupor.
—¡Tenemos que ir a buscar a la señora Ana y preguntarle la verdad! —Lucas se levantó de golpe, con urgencia en la voz—. ¡Ella tiene que saber dónde está Clara!
Alejandro asintió, con voz grave. —Sí, vayamos ahora mismo.
Justo cuando todos se disponían a salir, Lucía irrumpió de pronto y volvió a interponerse en su camino; estaba pálida y en su voz se notaba cierta agitación. —¡No... no vayan! Si Clara se llevó el dinero y se fue, eso significa que ya no quiere volver. ¿Para qué tienen que seguir buscándola? De ahora en adelante... de ahora en adelante, déjenme a mí ser su hija y su hermana, ¿sí?
La mirada de Lu

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