Capítulo 21
Lucas reaccionó muy rápido; de un empujón apartó a Clara, pero él no alcanzó a esquivar y la punta del cuchillo se le clavó en el hombro. La sangre tiñó de rojo su camisa al instante, y se puso pálido de golpe.
—¡Lucas! —Alejandro soltó un grito ahogado y corrió hacia adelante; de una patada apartó a Lucía y la tiró al suelo, inmovilizándola.
Lucía se estrelló contra el suelo y, en un último espasmo desesperado, le asestó a Alejandro una puñalada brutal.
Él dejó escapar un gruñido sordo y, reuniendo sus últimas fuerzas, le rompió la articulación de la muñeca.
—¡Ah!
Ella lanzó un grito de dolor, y el cuchillo que tenía en la mano cayó a un lado. Intentó incorporarse entre forcejeos, pero Alejandro la sujetó con fuerza contra el suelo.
—¡Suéltame! ¡Suéltame! —Lucía estaba completamente desquiciada, y en sus ojos no había más que locura.
El rostro de Alejandro estaba tan frío como el hielo, y su voz sonó grave: —Lucía, estás acabada.
En el hospital, el olor a desinfectante resultaba punza

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