Webfic
Abra la aplicación Webfix para leer más contenido increíbles

Capítulo 5

Una noche entera de búsqueda sin resultados había llevado los nervios de Alejandro al límite. El cielo comenzaba a clarear y toda la mansión estaba patas arriba. La camisa blanca de Alejandro, siempre impecable, ahora estaba arrugada y pegada a su cuerpo; los mechones de su flequillo, empapados en sudor. Sus manos aquellas que solían ser tan largas y pulcras estaban manchadas de suciedad y sangre. Había perdido por completo el control. Entró casi a zancadas al dormitorio, tomó del tocador el brazalete de jade la última reliquia que la abuela de María le dejó antes de morir y rugió. —Lo pregunto por última vez. —Su voz se volvió ronca—. ¿Dónde están los botones de mi camisa? —¡Ya te dije que no los tomé! —María lo miró sin poder creerlo, la voz temblorosa, los ojos ardiendo—. ¡Devuélveme el brazalete! —Si no quieres cooperar, entonces tú tampoco tendrás esto. ¡Crack! La joya estalló en tres pedazos y rebotó dos veces contra el suelo. María cayó de rodillas; de pronto, no supo cómo respirar. —¿Así de importante es para ti algo que ella te dio? —Su voz quebrada cortó el aire—. ¿Tan importante como para romper la reliquia de mi abuela? Alejandro la miró con frialdad absoluta. —Lo que me importa es que tocaste mis cosas. —Y este es el precio que pagas. El pecho de María dolía tanto que parecía romperse, pero aun así, rio. Y cuanto más reía, más le resbalaban lágrimas ardientes. —¡Alejandro! —Casi gritó—. Tú sabes perfectamente qué es lo que de verdad te importa. Él se quedó visiblemente desconcertado. En ocho años, era la primera vez que veía a María llorar. Su nuez bajó y subió, como si quisiera decir algo... Pero en ese momento sonó su teléfono. —¿Carmen? ¿Tienes tú los botones de mi camisa? De acuerdo, voy ahora mismo a recogerlos. Colgó y lanzó a María una mirada compleja. —Fue un malentendido. —Tu brazalete... —Dudó un instante—. Haré que lo reparen. Y se marchó de inmediato, sin dirigir una sola mirada a los tres pedazos de jade en el suelo. María, arrodillada, recogió los fragmentos de la reliquia de su abuela mientras sus lágrimas caían una tras otra sobre ellos. En un momento así, ni siquiera le dedicó una disculpa. ¿Acaso creía que, porque ella lo amaba tanto, podía perdonárselo todo? Él tenía su fobia a ser tocado, y aun así ella lo amaba. Él la dejaba de lado por Carmen, y aun así ella lo amaba. Ahora rompía la reliquia de su familia por algo de Carmen... y aun así esperaba que ella siguiera amándolo igual. Por eso no decía nada. Pero esta vez, estaba completamente equivocado. Los días siguientes, Alejandro no volvió a casa. A María ya no le importaba; sola, comenzó a hacer sus maletas. El tiempo pasó, y pronto llegó el día previo al divorcio. María ya tenía comprado el billete de avión cuando, de repente, recibió una solicitud de amistad en Instagram. Era de Carmen. [Señorita María, ¿podemos hablar?] María miró ese mensaje durante largo rato antes de responder con un: —De acuerdo. En la cafetería, Carmen estaba sentada junto a la ventana, con el cabello ligeramente ondulado, maquillaje impecable y una elegancia natural en cada gesto. María se sentó frente a ella con una expresión serena. Carmen alzó la mirada, con una sonrisa suave en los labios. —Señorita María, disculpe que la haya citado de pronto. —¿Qué sucede? —preguntó María con indiferencia. Carmen removió lentamente el café, su voz teñida de disculpa. —Hace poco me enteré de que usted y Alejandro... en realidad eran esposos. María curvó ligeramente los labios. —Pronto dejaremos de serlo. Carmen se quedó visiblemente sorprendida y luego arrugó la frente. —¿Cómo? ¿Van a divorciarse? —Sí. Mañana tendremos el acta de divorcio. Las comisuras de los labios de Carmen temblaron levemente, como si quisiera sonreír, pero recuperó la compostura enseguida. Bajó las pestañas, con una voz suave dijo: —¿Es... por mi culpa? María guardó silencio. Carmen suspiró y comenzó a explicarse por su cuenta: —Alejandro y yo... tuvimos una relación muy profunda. —Él me quiso muchísimo —murmuró, acariciando el borde de la taza—. Yo tenía mal carácter, era caprichosa... pero él jamás se enfadaba. Siempre me consentía sin condiciones. —Un año, por mi cumpleaños, voló al extranjero solo para darme una sorpresa. El vuelo se retrasó y terminó pasando toda la noche en el aeropuerto. —El día en que yo quise terminar, él se emborrachó tanto que casi acabó con intoxicación alcohólica. —Y cuando me fui del país, fingía que no le importaba... pero en realidad cada año iba a verme en secreto y enviaba regalos a través de amigos. María escuchaba en silencio, sintiendo cómo cada palabra le abría una herida más honda. Así que... aquellos días en los que él desaparecía, no eran viajes de trabajo, sino visitas a ella. Aquellas noches en que lo vio borracho, no eran por estrés laboral, sino por ella. Nunca fue incapaz de amar... Simplemente, nunca la amó a ella. Había creído que Alejandro era frío por naturaleza, que su fobia al contacto lo llevaba a rechazar incluso rozarla. Pero no. No era que no supiera ser tierno... Su ternura simplemente no le pertenecía. Carmen continuó hablando, con un matiz de nostalgia: —Él me quiso de verdad, por eso... —¿Por eso qué? —María la interrumpió de pronto, levantando la mirada hasta clavarla en sus ojos—. ¿Viniste a presumir?

© Webfic, todos los derechos reservados

DIANZHONG TECHNOLOGY SINGAPORE PTE. LTD.