Capítulo 7
En la habitación VIP del hospital.
Alejandro estaba sentado en la silla del acompañante junto a la cama, sosteniendo una taza de agua tibia. El fino vaho que empañaba la pared del vaso resaltaba aún más la longitud y la delicadeza de sus dedos.
Carmen se apoyaba ligeramente en el cabecero, bebiendo pequeños sorbos del agua.
—Despacio. —Alejandro se inclinó un poco, acercando más el vaso—. El doctor dijo que no puedes beber demasiado de golpe; podrías atragantarte.
—Alejandro, ¿no soy una molestia para ti?
Él sacó un pañuelo y le limpió con suavidad la comisura de los labios.
Sus movimientos se volvieron aún más delicados, y su tono llevaba una calidez paciente. —No digas tonterías. —Dejó el vaso en la mesita de noche y le acomodó la manta—. Recién despertaste, no pienses tanto. Duerme un rato más.
Pero Carmen negó con la cabeza; sus ojos se llenaron de un tenue brillo acuoso. —No quiero dormir. El hospital es tan aburrido...
Miró el cielo grisáceo y, de pronto, volvió la cabeza. —Acomp

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