Capítulo 21
Al día siguiente del banquete de compromiso, el auto de Gisela corría a toda velocidad en la noche.
Roberto fue metido a la fuerza en el asiento del copiloto; en su muñeca aún quedaban las marcas rojas que ella había dejado al apretarlo con violencia.
—Gisela, estás loca.
Su voz era muy fría.
—Déjame bajar.
—Estoy loca.
Gisela pisó el acelerador y el coche salió disparado del aparcamiento del hotel.
—Roberto, sé que estás enfadado conmigo. La persona a la que más amas soy yo. Solo me estás castigando, ¿no es cierto?
Roberto giró la cabeza y miró por la ventana el paisaje urbano que retrocedía a toda velocidad.
—No te estoy castigando. Simplemente, ya no te amo.
—¡Mientes!
Gisela golpeó con fuerza el volante.
—¡Estuvimos juntos tres años, más de mil días y noches! ¿Cómo puedes decir que ya no me amas así como así?
El carro frenó bruscamente ante un semáforo en rojo.
Por la inercia, Roberto se inclinó hacia delante y luego fue devuelto al asiento por el cinturón de seguridad.
Por fin gir

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