Capítulo 22
Al ver que Óscar seguía obstinado, Elías volvió a intentar convencerlo: —Presidente Óscar, la señora Amaya... No, mejor dicho, ahora debería llamarla señorita Jazmín.
—Ella ya se lo ha dicho con toda claridad: entre ustedes no hay futuro. Seguir insistiendo así no le hace bien a nadie.
—A veces, amar no significa estar juntos; saber soltar también es una forma de amar.
Decirlo es fácil; hacerlo, terriblemente difícil.
Esta vez, Óscar estaba decidido: —Si no logro que Amaya me perdone, no regresaré.
—Si temes que el consejo de administración te exija responsabilidades, vuelve tú solo.
—En cuanto a Noelia, ya fui suficientemente benevolente al dejarla con vida. Si sigue buscándose la muerte, avisa a la gente de casa: no hace falta dejarla viva.
Si no fuera por ella, él y Amaya nunca habrían llegado a este punto.
Elías aspiró profundamente, con el corazón helado, y se fue a cumplir la orden.
Por el otro lado, César condujo para llevar a Jazmín a casa.
Al llegar al edificio, Jazmín tomó la

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