Capítulo 1655
Al regresar a casa, Daniela sacó el mando de la consola; sus ojos brillaban. —Cuando no tengas clases, ¿qué te parece venir a jugar conmigo?
Darío estuvo más que encantado y fue al refrigerador a buscar fruta y algunos aperitivos.
—Vale.
Jugaron hasta bien entrada la madrugada. Daniela empezó a sentirse con sueño y, sin más, se dejó caer sobre las piernas de él.
Darío no estaba muy acostumbrado a una cercanía tan entusiasta; se sentía demasiado halagado y se quedó quieto.
Daniela alzó la cabeza y lo miró. Luego, le preguntó: —Antes me dijiste que saliera con alguien; yo dije que quería salir contigo y tú no estuviste de acuerdo. ¿Ahora sí estás de acuerdo?
Se puso roja. Él sabía que Daniela no le estaba hablando de verdad a él.
La mano de Darío se cerró en un puño; en ese momento, como mucho, él no era más que un sustituto.
Nunca había imaginado que algún día acabaría siendo el sustituto de alguien.
Daniela pareció adivinar su respuesta y suspiró. —Olvídalo, ya sabía que no estarías de

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