Capítulo 1675
Sebastián se acercó y tomó el secador de las manos de ella.
—Yo te lo seco; no te esfuerces. Siéntate a un lado, te traeré un taburete. No hagas sufrir a tu vientre.
Daniela no dijo nada. Vio cómo él iba a buscar un taburete y lo colocaba delante de ella.
Bajó la mirada y, de pronto, sintió un nudo en el pecho.
Si él hubiera sido así desde el principio, no habría necesitado medio año de preparación para dejarlo ir.
Cada vez que en su mente afloraba el recuerdo de la frialdad que él había mostrado en el pasado, era como someterse a una prueba de desensibilización: paso a paso, se iba volviendo serena frente a él.
El día en que él descubrió su embarazo no había sido, en realidad, una oportunidad de reencuentro como él había imaginado, pero ella se había comportado muy bien; al menos, no dejó que se notara nada de pánico.
No se sentó; parecía abstraída.
Sebastián arrugó la cara; parecía no entenderlo. —¿Qué pasa?
Ella respiró hondo y señaló hacia fuera. —Así no es apropiado en absoluto y

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