Capítulo 14
Castillo se quedó paralizado.
—¿Cómo que no? ¡Mi esposa y yo jamás nos hemos divorciado!
El funcionario lo miró con desprecio.
—Según el registro, se divorciaron hace cinco días y la aprobación pasó por instancias superiores. Ahora vienes a buscar a tu exesposa, ¿te arrepentiste o piensas hacerle algo indebido?
El funcionario agitó la mano con gesto de fastidio.
—Hombres como tú he visto muchos: durante el divorcio aceptan, y después se arrepienten.
Castillo dio un paso atrás, incrédulo.
—Eso es imposible. Yo nunca firmé ningún acuerdo de divorcio. ¿Cómo podría haberme divorciado de Amaya? ¡El registro debe estar equivocado!
Gritó fuera de control.
El funcionario perdió la paciencia y señaló en dirección al tribunal.
—Siguiendo esta calle está el juzgado. Si no estás conforme, ve a preguntar allí.
Castillo miró hacia donde señalaba y salió corriendo.
Al llegar a la entrada del tribunal, un dolor punzante le atravesó el pecho, dejándolo sin aliento.
Aguantó el malestar y estaba a punto

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