Capítulo 16
En Miami.
Con un golpe seco, la botella se le escapó de la mano a Castillo y se hizo añicos en el suelo.
El olor a alcohol impregnaba el aire; él yacía desplomado en el sofá, completamente abatido.
—Amaya, ¿por qué me hiciste esto? Tú me amabas tanto, ¿por qué fuiste tan cruel como para irte?
Bebió sin parar, pero el alcohol no lograba borrarle de la mente las escenas de la felicidad que una vez tuvo.
De pronto, unas manos le acariciaron las mejillas. Castillo reaccionó de golpe y atrajo a la persona hacia su pecho.
—¡Amaya, has vuelto! Sabía que no te irías de verdad, ¿verdad?
En los ojos de la persona que tenía en brazos brilló un destello de crueldad, que enseguida ocultó.
—Nunca me iré de tu lado.
Castillo la sujetó con fuerza, dispuesto a besarla. Pero al segundo siguiente recuperó la lucidez y empujó a Salomé al suelo.
—¡Lárgate! Tú no eres mi Amaya.
Salomé quedó sentada en el suelo, con el rostro cargado de agravio.
—Amaya no era más que mi sustituta. Yo he vuelto, así que era n

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