Capítulo 9
Aquella tarde, Leo acorraló a Elena a la salida de la sala de entrenamiento de las porristas.
Los compañeros que intentaron acercarse a saludar se echaron atrás al cruzarse con su mirada.
—Las fotos, el post del foro y eso de ir a mi apartamento a devolver cosas.
La voz de Leo estaba helada: —Elena, llévate contigo todas esas porquerías que hiciste y sal de mi vida y de la de Iris.
Elena aún intentó hacerse la desentendida, forzando una sonrisa: —¿De qué estás hablando...?
—No finjas. —La interrumpió Leo, avanzando un paso; la presión que ejercía era asfixiante. —¿Te atreves a decir que no fuiste tú?
Elena palideció. Aun así, se sostuvo: —¿Y si fui yo, qué? Solo hice que todos vieran la verdad. Iris simplemente no está a tu altura.
—Que esté a mi altura o no no te corresponde a ti. Leo la miró fijamente.
—Te lo digo por última vez. No tengo el más mínimo interés en ti.
—La única persona que he amado en toda mi vida es Iris.
—¿Te quedó claro? Si te atreves a tocarla otra vez, te vas a a

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