Capítulo 12
El agente inmobiliario también había pensado en sacar el contrato para mostrárselo, pero Román y Alejandro estaban convencidos de que eran unos estafadores incendiarios.
Incluso si sacaba el contrato, solo pensarían que lo habían falsificado, y terminaron por rompérselo. Hasta que ambas partes fueron llevadas a la comisaría, seguían manteniendo sus propias versiones.
—¡Policía Ignacio, estos son los incendiarios, deténgalos ya!
El agente seguía explicando sin cesar, y al ver que ellos no querían escuchar nada, cambió de táctica. Pidió el contrato de compraventa a otro hombre y lo estampó directamente sobre la mesa.
—Oficial, ¡esos dos son unos irracionales! Aquí en el contrato está todo clarísimo. Pero ellos insisten en que es falso, que somos unos estafadores. ¡Ahora hasta queremos demandarlos por difamación!
El policía tomó el contrato, lo examinó minuciosamente y luego miró con cierta resignación a Román y Alejandro, ofreciéndoles una sonrisa incómoda.
—Señores, este contrato es aut

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