Capítulo 16
—Augusto, lo siento... de verdad no fue a propósito... —Daniela le sujetó la mano—. Solo quería ayudarte, quería cuidar de Víctor... Jacqueline se fue, y ustedes... ustedes necesitaban que alguien los cuidara...
—¡No necesitamos que nos cuides! —Él le soltó la mano de un manotazo y señaló la puerta—. ¡Lárgate! ¡Ahora! ¡Y no vuelvas a dejar que te vea nunca más!
Daniela salió corriendo, llorando.
Augusto se sentó junto a la cama del hospital, sosteniendo la pequeña mano ardiente de su hijo.
Víctor abrió los ojos. Al verlo, las lágrimas brotaron de inmediato.
—Papá... —Su voz era débil—. ¿Mamá... ya no va a volver?
La garganta de Augusto se cerró, no pudo decir una sola palabra.
—Papá, yo estuve mal... —Víctor lloraba hasta quedarse sin aliento—. Ese día, en la sala de castigo... Daniela y yo... usamos electricidad... electrocutamos a mamá. Mamá debe odiarme.
La sangre de Augusto se heló.
Así que lo que Jacqueline había dicho era verdad.
Ella había sido electrocutada por su hijo.
—Daniel

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