Carlos regresó a casa y volcó toda su energía en el trabajo.
Llegaba a la empresa antes que nadie y era siempre el último en irse; su agenda estaba tan llena que no dejaba un solo respiro.
Bajo su impulso, Grupo Paredes avanzó a pasos agigantados: cerró varios proyectos clave de forma consecutiva y su mapa empresarial se expandió con rapidez.
Pero en su rostro ya no volvió a aparecer una sonrisa auténtica.
La ligereza despreocupada de antes había desaparecido; en su lugar quedaban un cansancio profundo y una sombra persistente.
Dejó de frecuentar los círculos de antaño y rechazó todos los compromisos sociales innecesarios.
Poco a poco se alejó de todas las mujeres a su alrededor. Incluso cuando Nicolás ocasionalmente organizaba una reunión, él solo soltaba un seco "No tengo tiempo".
—Carlos parece otra persona. —Comentaban los amigos en privado.
Solo Carlos sabía que no había cambiado.
Simplemente había enterrado en el pasado a ese Carlos que sabía reír, divertirse y emocionarse por la