Capítulo 28
Felipe abrió los ojos con sorpresa.
No podía llevar a Julieta a casa.
Le había mandado ese mensaje solo para decirle que esperara a Orlando, que se irían juntos.
Esa también era la intención de Orlando.
—¿Qué pasa, Felipe? —preguntó Regina al notar cómo su expresión cambiaba constantemente—. ¿Estás mal por todo el ajetreo de esta noche? ¿Te sientes mal? ¿No puedes llevar a Julieta a casa?
Felipe apretó los labios y esbozó una mueca incómoda, casi una sonrisa forzada.
Luego siguió moviendo las cejas y lanzándole miradas a Julieta, pero justo hoy... Justo en este momento tan crucial, Julieta, que normalmente era tan lista, tenía los ojos bien abiertos con una expresión completamente perdida.
—Felipe, si no te sientes bien, no te preocupes, no hace falta que me lleves. Me voy con Regina y ya.
—No, no, no... —Felipe la interrumpió de inmediato.
No tenía otra opción. Tuvo que llamar a Orlando directamente.
—Señor Orlando... Sí, soy yo.
Felipe habló en un tono deliberadamente firme.
Del otro

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