Capítulo 33
En ese instante, el corazón de Julieta se saltó un latido. Abrió los ojos de par en par, con la mente completamente en blanco.
Recibió el beso de manera pasiva, sin saber siquiera dónde colocar las manos ni los pies.
Orlando la rodeó por la cintura delgada, atrapándola en su abrazo. Su beso fue ardiente y dominante, sin dejarle oportunidad de respirar, como cada noche que compartieron...
Desde lo más profundo hasta la superficie, la invadía con minuciosidad, sin dejar ni un rincón libre.
Julieta se dejó llevar por un momento, pero pronto volvió en sí. De repente, empujó a Orlando, jadeando levemente.
Sus hermosos ojos estaban llenos de pánico y desconcierto, como los de un conejito asustado.
Los ojos de Orlando se oscurecieron, y la leve sonrisa en sus labios fue desvaneciéndose poco a poco.
Ya llevaban un tiempo casados, pero él no sabía si ella aún no se había acostumbrado al contacto íntimo con él.
Tal vez había sido demasiado impetuoso e ignorado sus sentimientos.
Julieta luchaba p

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