Capítulo 43
Julieta, después de hablar, también se dio cuenta de que había sido impulsiva.
Normalmente, Orlando no parecía alguien que se enfadara con facilidad en la empresa. Era guapo, y las empleadas estaban fascinadas con esa cara.
Pero si Orlando realmente miraba a alguien con esos ojos fríos y distantes, el escalofrío que emanaba de todo su cuerpo podía congelar hasta los huesos.
El ambiente en la mesa se volvió tenso.
Una empleada había desafiado públicamente al jefe, ignorando las reglas.
Despedir a un empleado en cualquier momento no era algo extraño para un jefe.
Catalina lanzó a Julieta una mirada de reproche, adoptando la postura de anfitriona.
—Señorita Julieta, ¿cómo puede hablarle así al señor Orlando? ¿Esa es la actitud que debe tener como empleada? ¿No va a brindarle una copa y disculparse con el señor Orlando?
Julieta inhaló profundamente.
A su lado, Regina no paraba de hacerle señales con los ojos, indicándole que no fuera terca.
—¿Es que ya no quieres el trabajo?
Julieta alzó l

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