Capítulo 54
Orlando nunca la había tratado con desconsideración y, además, había hecho todo lo posible por ayudar a su madre, buscando la manera de conseguir mejores médicos.
Julieta no pudo contener las lágrimas y, con la voz quebrada, dijo: —Orlando, gracias.
—Entre marido y mujer no hace falta dar las gracias.
Él la tomó de la mano y la llevó a la habitación, colocándole el abrigo sobre los hombros.
Julieta se sentó en la cama, con los pies apenas tocando el suelo, envuelta en el abrigo del traje, enrojecida por tanto llorar.
Algo se agitó en el corazón de Orlando; se inclinó y la besó.
Antes de que Julieta pudiera reaccionar, un beso suave se posó en su frente.
—Sigue durmiendo, me quedaré aquí contigo.
Ella alzó la cabeza, mirándolo fijamente.
Él bajó la mirada hacia ella; la camisa negra le sentaba con una elegancia imponente.
En ese instante, sintió con claridad cómo su corazón se aceleraba y, de manera instintiva, se aferró la manga de Orlando.
Él estaba siendo muy bueno con ella, con esa

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