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Capítulo 82

Siempre se informaba de las buenas noticias, nunca de las malas; toda la fragilidad y el resentimiento permanecían escondidos en su corazón. Aunque estaba preocupada, Silvia no quiso decir nada, así que no preguntó más. Después de comer, por la tarde, Julieta regresó a la empresa. Por más ofensas que hubiera sufrido con Orlando, todavía tenía que ocuparse del proyecto; tenía que ser una buena trabajadora. En ese instante, un fuerte sentimiento de impotencia se apoderó de su corazón. Al llegar al departamento de proyectos, por coincidencia, se encontró con Catalina. Ambas se miraron a los ojos y ella sonrió mientras se acercaba, agitando la taza de café en la mano. —Justo iba a llevárselo a Orlando, este café está delicioso, ¿quieres probarlo? —dijo. Al verla como si nada hubiera pasado, Julieta levantó una ceja. —Señorita Catalina, aquí no hay nadie más, así que lo diré. Ella se detuvo. —¿Qué quieres decir? —Esta vez tuviste suerte; no hay pruebas de que hayas actuado, pero la próxima

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