Capítulo 7
Manuel no dijo nada, simplemente insistió en meterme la pulsera en la mano.
—Entonces acéptala, era tu pulsera favorita.
—No tiene otro significado. Solo quiero que seas feliz.
Miré la pulsera que me había forzado a tomar y solté una risa sarcástica.
—Ahora ya no me interesa esta porquería.
Apenas terminé de hablar, al segundo, arrojé la pulsera al basurero frente a Manuel. Escuché cómo volvía a romperse dentro del bote.
Los ojos de Manuel se abrieron de par en par, los labios entreabiertos, y por un buen rato no pudo articular palabra.
—Antes la cuidaba tanto porque te amaba. Por eso, todo lo que me dabas lo atesoraba con cariño.
—Pero ahora te detesto, y todo lo relacionado contigo me resulta insoportable.
Mientras hablaba, vi cómo los ojos de Manuel se enrojecían. Y luego, sin poder evitarlo, levanté la mano y me froté ligeramente el rabillo del ojo.
Para ser sincera, era la primera vez que lo veía llorar.
Pero yo ya había llorado muchas veces por él.
Lloré cuando, en nuestro primer

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