Capítulo 5
Rosaura abrió los ojos y evitó discretamente su contacto.
—Rosaura, ya despertaste.
En los ojos de Ernesto pasó fugazmente alivio, tan rápido que ni él mismo lo notó.
Habló con un tono preocupado: —Fue mi culpa. No me di cuenta de que el cinturón de seguridad y la puerta estaban fallando. Por eso tuviste el accidente. Por suerte, el bebé está bien.
"Mentiroso".
Rosaura lo maldijo en silencio.
En apariencia, solo asintió con frialdad.
Al verla con esa expresión apática, Ernesto se mostró aún más atento. —Debes sentirte muy maltratada. Hoy no iré a ningún lado, me quedaré contigo...
Pero antes de terminar la frase, su celular sonó.
Al escuchar el tono exclusivo, Ernesto no dudó en contestar.
Del otro lado se escuchó la voz insistente de Isabella.
—¡Rosaura se atrevió a golpearme! Hoy no puedes prestarle atención, ¡tienes que venir conmigo! Si no vienes, ¡voy a llamar a los modelos masculinos!
—¡Ernesto, tienes diez minutos! Si llegas un minuto tarde, ¡llamo a uno más!
Ernesto se levantó de golpe.
—Rosaura, surgió algo en la empresa. Regresaré más tarde.
Sin esperar respuesta, ya se había ido apresuradamente.
Rosaura curvó los labios con ironía. Mejor que no estuviera. Entonces presionó el botón de llamado.
—Doctor, el bebé en mi vientre resultó afectado por el accidente automovilístico. Necesito un aborto.
—¿Por qué quieres hacerte un aborto?
La puerta de la habitación se abrió bruscamente. El padre de Rosaura, Gustavo Barrera, entró con una expresión de angustia.
Aquel hombre que siempre había sido impecable, en ese momento llevaba el saco del traje mal abrochado y zapatos de distinto par.
—Hija, vi una foto tuya tirada en la calle circulando por internet. ¿Te pasó algo? No me asustes...
La madre de Rosaura había fallecido prematuramente, y ella siempre se había apoyado en su padre. Para darle una mejor vida, Gustavo renunció a su puesto como profesor universitario y, tras muchas dificultades, fundó el Grupo Santa Luz.
El negocio de la familia Barrera no podía compararse con el de la Corporación Dorada, pero cuando la familia Rivaldo quiso imponer un matrimonio por conveniencia, Gustavo prefirió entregarlo todo antes que permitir que su hija sufriera.
Fue él quien apoyó su decisión de escapar de ese matrimonio.
Incluso cuando Rosaura fue secuestrada y Ernesto arriesgó la vida para proteger su integridad, Gustavo aún desconfiaba de dejarla en manos de un hombre infiel.
Fue Rosaura quien lo convenció con todas sus fuerzas, asegurándole que sería feliz.
Jamás imaginó que el desenlace sería tan humillante.
Justo cuando Rosaura estaba por hablar, recibió una llamada de Cecilia, la madre de Ernesto.
Su voz imponente llenó la habitación del hospital.
—¿Rosaura, sabes que ya subieron a internet las fotos vergonzosas de tu caída? ¡Si no fuera porque actué a tiempo para eliminarlas, todo el mundo se habría enterado de que la nuera de la familia Rivaldo hizo el ridículo de esa manera!
—Ustedes, los Barrera, esa pequeña familia venida a menos... Cuando permitimos que entraras a esta familia, fue solo porque parecías una chica dócil y sensata. ¡No creas que por estar embarazada tienes tu lugar asegurado! Si sigues comportándote de forma tan inapropiada, cambiaré de nuera. ¡Y ustedes tampoco la van a tener tan fácil! Arregla tú sola este desastre.
Gustavo, furioso, estuvo a punto de responderle, pero del otro lado ya habían colgado.
—No te enojes, papá. A quienes no les irá bien... Es a ellos.
Rosaura le contó toda la verdad sobre cómo había sido engañada y cómo Ernesto pronto se quedaría sin acceso a la herencia.
—Papá, sé que entraste al mundo de los negocios solo por mí. Tu verdadero deseo siempre fue encontrar un lugar donde hubiera buen clima todo el año, leer, escribir y llevar una vida tranquila. Cuando termine con estos trámites, te acompañaré a vivir ese tipo de vida.
—Pero ahora, primero necesito hacerme un aborto.
Gustavo no dejaba de asentir, con los ojos enrojecidos por la tristeza.
La cirugía se realizó en poco tiempo.
Rosaura, recostada sobre la fría mesa de operaciones, miró aquella pequeña masa de carne y sangre en la bandeja. Las lágrimas le corrían en silencio por sus mejillas.
Minutos antes, aún estaba dentro de ella.
Días atrás, todavía albergaba una inmensa ilusión por la llegada de ese niño.
Pero ese vínculo de sangre terminó de forma abrupta.
En su mano también tenía un informe de laboratorio.
Sexo del feto: masculino.
Padre biológico: Abelardo.
Secó sus lágrimas y llamó a su abogado. —Por favor, guarda el certificado de paternidad. Dentro de una semana, llévalo a este lugar.
Le proporcionó la dirección de la fiesta por el tercer aniversario de bodas.
Ernesto y Abelardo habían querido destruirla, así que era natural devolverles la cortesía con un gran regalo.