Capítulo 689
Eleanor sintió como si el aire a su alrededor se hubiera enrarecido de repente, presionando contra su pecho hasta que respirar se convirtió en un esfuerzo consciente.
El hombre frente a ella permanecía inmóvil, su presencia abrumadora. La mirada penetrante de Robert, aguda e implacable, casi cegadora, la desgarró. Apretó los dientes, obligándose a mirar a los ojos que tanto deseaba evitar.
“Ese niño…”
Los fríos labios de Robert se entreabrieron levemente. Sus ojos de obsidiana parecían girar como un vórtice oscuro, arrastrándolo todo a sus profundidades.
Eleanor comprendió al instante.
Sus pupilas se dilataron y su respiración se atascó en su garganta.
Su secreto había sido expuesto.
El niño —Leo—, cuyos rasgos reflejaban los de Robert con cruel precisión. La forma de sus ojos, el contorno de su nariz, incluso el leve pliegue entre sus cejas cuando fruncía el ceño...
La respuesta a la paternidad del niño era dolorosamente obvia.
No se necesitó ninguna prueba. No se requirió ninguna con

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