Capítulo 699
“¡Tos… tos… tos, tos…!”
El abuelo Ballenas no dijo nada. Su frágil cuerpo se convulsionó al ser atacado por una violenta tos; cada respiración áspera sonaba como si fuera la última.
Linet observaba desde donde estaba, con la mirada baja, pero sin calidez. No había preocupación en sus ojos, solo fría impaciencia.
Por fin la tos cesó.
El abuelo Ballenas levantó lentamente la cabeza para volver a mirarla. Aunque sus ojos estaban apagados por la edad, aún se reflejaba en ellos una penetrante agudeza.
—No bromeo —dijo con voz ronca—. Linet… hay asuntos que no tienes derecho a decidir.
—¿Qué quiere decir con eso, padre? —Linet frunció el ceño y una inexplicable sensación de inquietud se apoderó de su pecho.
Pero el abuelo Ballenas ya se había alejado de ella.
Su mirada se desvió y se fijó firmemente en Simón.
La expresión del anciano se tornó solemne, su voz grave y grave. «Sabes lo que hay que hacer...».
Simón miró a su abuelo a los ojos sin dudarlo y asintió con firmeza y decisión.
Si el a

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