Capítulo 2 ¿De verdad crees que fue un mensaje enviado por error?
POV de Liorá.
—Realmente me sorprendiste, señorita... ¿Qué acabas de decir? Bah, no importa. ¿Así que además de tu trabajo habitual, también te dedicas a atraer clientes para la prostitución como un ingreso extra?
El tono de Etán era increíblemente agresivo. Podía sentirlo: lo hacía a propósito. Su actitud fría y su voz impaciente estaban claramente dirigidas a avergonzar a Olivia.
Abrí la boca para detenerlo, pues no era nada caballeroso. Pero al pensar en aquella foto tan provocativa, terminé por cerrarla de nuevo.
No podía convencerme a mí misma de que esa imagen no tenía importancia.
Hubo unos segundos de silencio al otro lado de la línea. Ese maldito silencio hizo que mi corazón latiera con fuerza, cada vez más rápido.
Contuve la respiración, esperando su respuesta.
Después de un rato, una voz femenina nerviosa se escuchó. Estaba tan nerviosa que incluso tartamudeaba un poco, defendiéndose en voz baja. —Capitán... De verdad lo siento mucho. Fue mi error... Esas fotos eran para mi novio... Los dos tienen las mismas iniciales. Tal vez... Tal vez lo envié por equivocación.
Etán soltó un bufido desdeñoso. Y mostró una expresión que nunca antes me había mostrado... Fría, cruel, despiadada.
Ignorando la vergüenza de la chica, lanzó una advertencia. —No quiero que tu presencia le cause ningún problema a mi esposa. Si vuelve a pasar, te largas de mi escuadrón.
Etán no esperó una respuesta. Colgó directamente.
Pero en el instante en que me miró, toda esa frialdad desapareció. Volvió a ser el cachorrito que conocía. Sus ojos estaban húmedos, como si estuviera a punto de llorar.
Siempre decía que su ternura era solo para mí. Y realmente lo cumplía.
Etán volvió a abrazarme, buscó mi cariño como un niño.
—Lio, por favor, cree en mi lealtad hacia ti, ¿sí? Ella es solo una integrante de mi patrulla. Solo eso. ¿Estás dudando de mí solo por un mensaje de texto? Me parte el corazón... A menos que estés dispuesta a compensármelo esta noche. Ya llevamos un mes sin vernos. Te extrañé muchísimo.
—¿Quieres sentirlo tú misma? Lo mucho que te extraño.
La punta de la nariz de Etán rozaba la mía suavemente. Nuestras respiraciones se entrelazaban. Me besó ligeramente en la comisura de los labios, y su mano descendió desde mi cintura hasta mis glúteos. Algo ardiente y lleno de deseo me rozaba. Podía sentirlo claramente.
Presioné un poco sus hombros, apartándolo.
Aunque ya había explicado que todo fue un malentendido, en mi interior seguía sintiendo que algo no cuadraba.
"¿De verdad era una simple coincidencia?" "¿Solo había enviado el mensaje a la persona equivocada?"
No sabía por qué, pero sentía que no era tan simple.
Mi intuición me decía que había algo que se me escapaba. Demasiadas dudas se arremolinaban en mi mente y me ponían nerviosa. Tal vez era solo por esa foto. Me impactó tanto que no podía fingir que no había pasado nada.
—Lo siento, Etán. Estoy un poco cansada hoy, ¿puede ser otro día?
Él me miró con atención durante unos segundos, como tratando de discernir si realmente lo estaba rechazando. Al notar que no iba a cambiar de opinión, suspiró y me dio un beso de buenas noches en la frente.
—Está bien, Lio. Entonces descansa, ¿sí? Iré a revisar algunos documentos.
—No te trasnoches.
Le hice un gesto con la mano y me tumbé en la cama, cerrando los ojos, obligándome a olvidar esa maldita fotografía. Cuando Etán salió, apagó la luz del dormitorio. No supe exactamente cuándo, pero terminé quedándome profundamente dormida.
...
A medianoche.
Un trueno estruendoso me despertó abruptamente.
No sabía en qué momento había empezado a caer una tormenta torrencial afuera. Mi corazón latía con fuerza dentro de mi pecho. Un dolor de cabeza agudo me atravesaba. Estaba helada, empapada en sudor frío. Me cubrí la frente con las manos, débilmente, y me limpié el sudor con torpeza.
No sabía si era por esa foto... O por algo más, pero estuve teniendo pesadillas toda la noche.
En mis sueños, Etán sostenía la mano de la chica de la foto con una mano, y con la otra, la de un niño pequeño, de unos dos o tres años. El niño tenía el mismo cabello rubio que Etán... Y los ojos castaños claros, idénticos a los suyos.
Etán me miraba desde lo alto, con una expresión fría e impaciente.
—Ya te lo dije, Liorá. No te amo. Ahora tengo a mi esposa y a mi hijo. Vete de la manada Luna Helada, o te expulsaré.
Etán los tomó de la mano y se fue con ellos.
Yo lloraba mientras intentaba alcanzarlo, pero por más que corría, nunca lograba tocar su espalda, él se desvanecía frente a mí.
Me llevé la mano al pecho. Un pánico violento y una tristeza devastadora arrasaron mi corazón. De manera instintiva, quise buscar a Etán, pero entonces me di cuenta de que el otro lado de la cama estaba frío, como si nadie hubiera dormido allí en toda la noche.
Mi corazón dio un salto.
"¿Etán?"
"Con una lluvia tan fuerte... ¿A dónde había ido?"
Tomé el teléfono que estaba sobre la mesita de noche. En la pantalla marcaba ya las cuatro de la madrugada.
Justo en ese momento, una tras otra, comenzaron a aparecer de golpe varias notificaciones de mensajes no leídos.
[¿De verdad creíste que fue un mensaje enviado por error?]
[Supongo que tu esposo no está a tu lado ahora mismo, ¿verdad? El clima esta noche está terrible, los truenos son demasiado fuertes. Tenía mucho miedo, así que vino a acompañarme].
El último mensaje había sido enviado hacía diez minutos.
[¿No quieres saber cómo me consoló? Ven al Hotel Montebruma, habitación 408. Dejé la puerta abierta].
[¿Vendrás? Me da mucha curiosidad].