Capítulo 100
En realidad, Manuel no sabía qué quería decir; simplemente, al verla a punto de marcharse, no quería que se fuera, así que la llamó apresuradamente para detenerla.
Al ver que Manuel tardaba en hablar, Sara sintió que hoy estaba raro; en realidad, desde que se habían vuelto a ver, le había parecido extraño.
—Si no hay nada más, subiré a descansar. Cuando termines de comer, deja los platos en el fregadero.
—Estoy pensando en contratar a una empleada doméstica para que venga una vez a la semana a limpiar la casa. ¿Qué te parece? —Al ver que ella iba a irse de nuevo, Manuel habló con premura.
—Está bien, decide tú. —Sara pensó que antes la limpieza de la villa tampoco podía haberla hecho él mismo; seguramente Adolfo se encargaba de programar a alguien para limpiar con regularidad. ¿Ahora quería encontrar a una persona fija para la limpieza?
—Si no tienes objeciones, le pediré a Adolfo que lo arregle. —Manuel temía que Sara no se acostumbrara a que entrara gente desconocida en la casa; ya q

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