Capítulo 30
—Dios mío, ¿de verdad es la hija del jefe? Qué bonita es.
—Si te fijas bien, se parece muchísimo al jefe.
—Pero ¿cuándo tuvo una hija el presidente? Además, ni siquiera se ha casado con la señorita Antonia.
—El jefe es el jefe: sin hacer ruido, ya tiene una hija tan grande.
Todos hablaban a la vez, uno tras otro, pero la pequeña Laura se mantuvo siempre con una sonrisa radiante. Su hermano le había dicho que debía usar su as bajo la manga para traer a papá de vuelta a casa; a partir de entonces, serían niños con padre y ya no volverían a ser señalados en clase como niños huérfanos. Aunque la última vez que un compañero dijo algo así, ya había sido golpeado por ella y por su hermano.
—Muy bien, todos vuelvan primero a su trabajo —dijo Liliana al ver que todos se habían reunido alrededor, preocupada de que alguien pensara que en la oficina presidencial no se trabajaba con seriedad. Luego se agachó y le preguntó a Laura.
—Pequeña, ¿cómo te llamas? ¿Has venido con algún familiar? ¿Y tu mam

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