Capítulo 15
Alfredo permanecía en silencio. El llanto y el temor de Gabriela al otro lado del teléfono eran como cuerdas invisibles que lo asfixiaban lentamente.
Ese sentido de responsabilidad hacia el pasado, grabado en sus huesos como una marca imborrable, terminó por aplastar esa nueva e inexplicable agitación que había comenzado a latir en su pecho.
Cerró los ojos por un momento, y al volver a abrirlos, su mirada recuperó la serenidad habitual, aunque bajo esa calma se agitaban corrientes ocultas que ni él mismo lograba comprender.
—Gabriela. —habló al teléfono con voz firme, cargada con esa fuerza serena que siempre había sabido transmitir seguridad—. No tengas miedo. Asegura bien la puerta. Ya voy de regreso.
Colgó con decisión, luego se giró hacia su asistente con un tono que no admitía réplica. —Reserva el primer vuelo disponible de regreso al país. Que sea directo.
—Sí, señor Alfredo —respondió el asistente, como si ya lo hubiera anticipado, ejecutando la orden de inmediato.
Durante el tr

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