Capítulo 25
En la profundidad de la noche, la villa estaba completamente silenciosa.
Alfredo empujó suavemente la puerta del dormitorio de Jacqueline.
Parecía dormida, su respiración era estable, pero aún quedaban rastros de lágrimas secas en sus ojos.
Él se sentó al borde de la cama, y, bajo la luz de la luna que se filtraba por la ventana, la observó con avidez mientras dormía.
Con los dedos temblorosos, acarició con sumo cuidado su mejilla demacrada. Su voz, ronca y quebrada, cargada de un fuerte tono nasal, sonaba como una confesión... O una súplica.
—Jacqueline... Sé que estuve mal...
—De verdad lo sé...
—Lo del balcón... Fui un imbécil... No tengo perdón...
—Lo de las fotos... Me arrepiento tanto que quisiera morirme...
—En la montaña nevada... Sentí tanto miedo... Miedo de que realmente me dejaras...
—No puedo vivir sin ti... Sin ti, me volveré loco... De verdad me volveré loco...
—Te lo ruego... mírame otra vez... Dame una oportunidad más... Solo una...
Una lágrima ardiente se deslizó desd

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